¿Para qué sirve la consulta al pediatra?

Pediatra hospital niños

Recuerdo perfectamente cuando era una madre joven y me tocaba hacer la consulta al pediatra. ¡Era un día feliz! Una parte de la responsabilidad de madre pasaba a hombros de otro, el pediatra. No solucionaba problemas de enfermedad porque la niña no estaba enferma casi nunca (la mayoría de las criaturas consultan por problemas menores que se curan solos) pero yo sentía que era muy importante y, realmente, lo era.

La consulta al pediatra puede ser la intervención más importante en la salud social porque influye en el futuro ser humano y ayuda a toda la familia. Es cierto que la mayoría de los problemas son de logística sobre cuidados (¿quién cuida al niño enfermo?) y de inseguridad de los progenitores, y a eso también es necesario atender e intentar dar soluciones, aunque la responsabilidad en la crianza de un niño no es solo de los padres y los pediatras, sino de toda la sociedad. Los cuidados precisan un tiempo que en general la sociedad no facilita.

Después en mi experiencia como pediatra he aprendido mucho de las razones de porqué el día de la consulta al pediatra era un día feliz: el pediatra me empoderaba, me daba seguridad.

Creo que eso mismo pasa ahora en muchos casos: las madres reciben muchos consejos, pero muy poca ayuda real. Pero un pediatra con empatía con los padres ayuda mucho a autoafirmarse como buenos cuidadores y padres, les tranquiliza y les reconforta.

Naturalmente, para eso es importante conseguir esa empatía, conocer a los padres, su entorno social, sus problemas. Los niños pequeños no mienten ni exageran, pero hay que aprender su lenguaje. Los padres sí pueden mentir, pero no por perversidad sino porque en muchas ocasiones piensan que si no exageran los síntomas de enfermedad de su hijo, no recibirán la debida atención. También pueden hacerlo porque están sobrepasados con otros problemas. Por eso, en mi opinión, es tan importante en la consulta al pediatra conectar con los padres. Por cierto, cada vez más con padres varones, ¡qué bien!

En muchos casos escucho que no hay tiempo suficiente para eso, que el escaso tiempo de Atención Primaria no permite profundizar en la relación. Estoy en parte de acuerdo, pero no del todo. Es cierto que conocer la realidad de una familia donde crece un niño es básico para conservar su salud, aconsejar cuidados o curarlo (por ese orden). Y eso lleva tiempo. Pero los niños van con frecuencia al pediatra y una vez tras otra se puede ir construyendo la estructura familiar. También se puede dejar un espacio mayor para la primera visita o citar a grupos de padres con patología similar o edad pareja para fomentar el auto-apoyo. Y en cualquier caso en muy poco tiempo. Por ejemplo, en la consulta de urgencias es posible “conectar” y dar seguridad a los padres. Para eso es fundamental la mirada directa, la sonrisa, el gesto según el caso, la proximidad, la posición de la mesa y escuchar, escuchar, escuchar. No oír, escuchar. Y luego, no imponer, aconsejar, opinar, explicar y volver a escuchar.

¡Ah! Y si los padres no se quedan tranquilos, el acto terapéutico habrá fracasado. Así que, padres: si no sentís eso cuando vais al pediatra, ¡cambiad!

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